Aprender braille tras perder la visión de adulto
Se puede. Aprender braille tras perder la visión de adulto es más lento que aprenderlo de niño: eso está medido. Que la edad sea la causa, no. Lo que separa a quien lo consigue de quien lo deja es la enseñanza recibida y la práctica sostenida.
Este artículo reúne lo que se puede afirmar con un estudio detrás y separa las dos cosas que suelen mezclarse en esta pregunta: lo que el cuerpo permite y lo que el sistema ofrece. No trata de tu diagnóstico, de tu pronóstico ni de tu tratamiento; para eso está tu oftalmólogo, y nada de lo que leas aquí lo sustituye.
Aviso: nosotros vendemos aprendizaje de braille
Braillito es una app para aprender braille, así que somos parte interesada. La forma de comprobarlo es que cada cifra de esta página lleva su estudio, su muestra y su año, y que la sección con las recomendaciones de formación empieza con recursos institucionales gratuitos y no con los nuestros. Lo que una app enseña es el código, que es la parte rápida. La parte lenta no se entrena en una pantalla, y lo decimos abajo con todas las letras.
Puntos clave
- El código y el tacto son dos aprendizajes distintos. Si ya sabes leer, el código braille es una tabla de correspondencias y se entiende en una tarde. La discriminación táctil es una habilidad perceptiva y se mide en meses.
- La edad actual no predice la velocidad de lectura braille. En un estudio con 46 adultos ciegos de 23 a 88 años que habían aprendido braille entre los 4 y los 63, la edad de la persona no correlacionaba con la velocidad; sí lo hacían la frecuencia de lectura y la edad de aprendizaje (Martiniello, Barlow y Wittich, 2021).
- La sensibilidad táctil decae con la edad en personas videntes, en torno a un 0,86 % anual. En 49 lectores de braille ciegos medidos con el mismo método, no se detectó esa caída (Legge et al., 2008).
- La neuropatía diabética reduce la sensibilidad táctil y aun así no impide aprender braille. De 35 personas con retinopatía diabética y neuropatía periférica, al menos 25 aprendieron a leer braille estándar o de tamaño aumentado (Bernbaum, Albert y McGarry, 1989).
- La cifra que más asusta —el 11,5 % de competencia entre quienes pierden la visión a partir de los 19 años— mide otra cosa de la que parece. Es autodeclaración de fluidez en braille contraído, y sus propios autores la explican por la oportunidad de formación, no por la capacidad (McDonnall et al., 2025).
- El braille y el audio no resuelven lo mismo. El audio da acceso a mucho más texto; el braille es lo único que te enseña ortografía, puntuación y estructura, y lo único que sirve para etiquetar un frasco.
- Empezar por una tarea útil rinde más que empezar por el alfabeto entero. En Europa, el nombre del medicamento ya va en braille en el envase, en grado 1 y sin contracciones: es material de lectura real desde la primera semana.
Qué es distinto cuando aprendes de adulto
La diferencia con un niño ciego de nacimiento no es de dificultad general: es que las dos mitades del aprendizaje se te reparten al revés.
La mitad que ya tienes hecha es grande. Sabes leer y escribir. Sabes qué es una letra, qué hace una tilde, dónde va un punto, cómo se separa una palabra. Un niño de seis años que aprende braille está aprendiendo a leer y a leer con los dedos a la vez; tú solo tienes lo segundo. Por eso el código —qué puntos son la a, qué puntos son la b— se entiende deprisa: es una tabla, está bien diseñada, y 25 de las 27 letras del español se deducen de tres series en lugar de memorizarse una a una. Eso está explicado en cómo aprender braille desde cero y no lo repetimos aquí.
La mitad que te falta no es información: es percepción. Distinguir con la yema si hay dos puntos o tres, y en qué posición, es una tarea sensorial. Los puntos de una celda estándar están separados por 2,28 milímetros de centro a centro, y el umbral de resolución espacial de una yema adulta ronda entre 1,2 y 1,7 milímetros en personas videntes jóvenes (Legge et al., 2008). La información está al alcance del dedo, con un margen que no es cómodo.
Un niño ciego desarrolla esa discriminación durante años de escolarización, sin llamarlo entrenamiento. De adulto hay que entrenarla a propósito, y mejora al ritmo al que mejoran las habilidades perceptivas —repetición y frecuencia—, no al ritmo al que se memoriza una lista. No se puede acelerar estudiando más. Es la consecuencia menos agradable de todo esto y también la que evita frustrarse por el motivo equivocado: ir lento con los dedos después de haberte sabido el alfabeto en una semana no es un fallo tuyo, es el orden normal.
| Persona ciega desde antes de escolarizarse | Persona que pierde la visión de adulta | |
|---|---|---|
| El código | Se aprende junto con la alfabetización | Ya sabes leer: es una tabla de correspondencias |
| El tacto | Se desarrolla con años de uso escolar diario | Hay que entrenarlo aparte y a propósito |
| Horas de instrucción habituales | Las de aprender a leer, es decir, años | Casi nunca algo comparable |
| Qué se está aprendiendo | Leer | Leer de otra manera |
La sensibilidad táctil: qué la afecta de verdad y qué no
Este es el punto donde circula más información falsa, así que aquí solo van cifras rastreadas hasta un estudio con muestra y año. Todo lo de esta sección está desarrollado con más detalle en cuánto se tarda en aprender braille.
La edad: decae, pero menos de lo que la frase sugiere
La agudeza táctil espacial de la yema empeora con la edad. El equipo de Legge lo midió en 83 personas videntes con exploración activa de símbolos en relieve y obtuvo un 0,86 % anual; el equipo de Stevens había obtenido en los noventa alrededor de un 1 % con un método distinto. Dos metodologías independientes, resultados casi iguales.
Ahora el matiz que casi nunca se cita. En ese mismo estudio de 2008, los 49 lectores de braille ciegos de 18 a 74 años no mostraron ninguna caída de agudeza con la edad. Los autores proponen que lo que preserva el tacto no es el braille en sí, sino el uso activo del tacto en la vida diaria. El punto no está cerrado: un trabajo anterior con tacto pasivo sobre rejillas —43 personas ciegas y 47 videntes— sí encontró declive en las personas ciegas, al mismo ritmo que en las videntes, aunque partiendo de un nivel mejor, equivalente a tener el tacto de alguien veintitrés años más joven (Goldreich y Kanics, 2003).
Lo que sí se puede afirmar de las dos versiones a la vez: la edad no borra la sensibilidad, y el uso del tacto la sostiene.
La diabetes: reduce la sensibilidad y no impide aprender
La neuropatía diabética reduce la sensibilidad táctil; eso no está en discusión. Lo que no se sostiene es el salto de ahí a «entonces no podrá leer braille». Dos estudios lo abordaron directamente:
| Estudio | Muestra | Qué encontró |
|---|---|---|
| Bernbaum, Albert y McGarry, 1989, Archives of Neurology | 35 personas con pérdida de visión por retinopatía diabética, todas con neuropatía periférica | La discriminación de dos puntos se conservaba relativamente bien y al menos 25 de las 35 aprendieron a leer braille estándar o de tamaño aumentado. Quienes tenían un umbral por encima de 5 mm sí mostraron dificultades. Su conclusión: no debe desaconsejarse el braille solo por la presencia de polineuropatía |
| Harley, Pichert y Morrison, 1985, Journal of Visual Impairment & Blindness | Personas diabéticas frente a control | Necesitaban un 80 % más de estimulación para notar el tacto y aun así no hubo diferencia significativa en su capacidad de discriminar caracteres braille |
La formulación honesta: la diabetes puede alargar el plazo y hace más razonable empezar con puntos de mayor tamaño o altura, pero no es un veto. Si tienes neuropatía en las manos, es información que le sirve a quien te enseñe, no un motivo para no empezar.
Lo que no marca la diferencia que se le supone
La agudeza táctil no predice bien la velocidad de lectura. En un curso de nueve meses con 29 adultos videntes, los cinco participantes con peor agudeza terminaron a 4,2 palabras por minuto de media frente a 6,63 del resto: una diferencia que no fue significativa (Bola et al., 2016). La lectura sensata es que hace falta un mínimo de sensibilidad y que por encima de ese mínimo mandan otras cosas.
Sobre el trabajo manual y las callosidades no hemos encontrado nada sólido. Es una afirmación muy repetida —«con estas manos yo no voy a notar los puntos»— y no hemos localizado ningún estudio que la mida. No la damos ni por cierta ni por falsa: la damos por no medida.
Por qué las cifras de competencia asustan y qué significan realmente
Aquí está la parte más útil del artículo, y la que más se cita mal.
El dato es este. En 2021 y 2022 se encuestó a 449 adultos legalmente ciegos en Estados Unidos. Entre quienes empezaron a tener dificultad grave para ver antes de escolarizarse, el 73,5 % declaró tener competencia braille. Entre quienes la tuvieron a los 19 años o después, el 11,5 % (McDonnall et al., 2025, Journal of Visual Impairment & Blindness, vol. 119, n.º 2). Puesto en probabilidades: quien perdió la visión antes de escolarizarse tenía más de 3 veces las probabilidades de competencia que quien la perdió entre los 5 y los 18 años, y más de 16 veces que quien la perdió a los 19 o después.
Leído deprisa, ese 11,5 % dice «casi nadie lo consigue». Leído entero, dice tres cosas distintas, y ninguna de ellas es esa.
Primera: el listón está muy alto y no es el que imaginas. La encuesta ofrecía cuatro opciones para describir la propia lectura braille: sin conocimientos; conocimientos mínimos, como usar braille no contraído de grado 1; conocimientos moderados, como algo de braille contraído de grado 2; y competencia, definida como fluidez en braille contraído de grado 2. Para el análisis, las tres primeras se fundieron en una sola categoría: «no competente». Es decir: alguien que lee braille de grado 1 sin problemas, etiqueta su casa entera y lee sus propias notas cuenta como no competente en ese 11,5 %. La cifra no mide cuánta gente usa braille. Mide cuánta gente se declara fluida en el sistema abreviado.
Segunda: los autores la explican por la oportunidad, no por la capacidad. Su interpretación, en el propio artículo, es que quien pierde la visión antes de escolarizarse tiene más probabilidades de tener la oportunidad de aprender braille, y que si el braille fue su vía de alfabetización, eso implica muchísimo más tiempo de instrucción que el de quien perdió la visión después de aprender a leer en tinta. Su conclusión no es que los adultos no puedan: es que hace falta apoyo para aprender braille y estímulo para usarlo entre los adultos con pérdida de visión tardía.
Tercera: la muestra tiene un sesgo declarado. Los propios autores advierten que su muestra —voluntarios trabajadores y buscadores de empleo, reclutados por interés en tecnología de apoyo— puede no ser representativa del conjunto de personas legalmente ciegas, y que la competencia declarada por los participantes puede no serlo tampoco.
Hay un dato más antiguo que empuja en la misma dirección. En el estudio de velocidad de lectura de Legge, Madison y Mansfield (1999), los siete lectores más lentos de la muestra habían aprendido braille a los 36, 10, 36, 24, 35, 6 y 21 años. Cuatro de esos siete lo aprendieron pasados los veinte, leían braille con regularidad y llevaban años haciéndolo. Eran lentos comparados con quienes empezaron a los cinco. Lentos, no ausentes.
La distinción que conviene llevarse: «poca gente lo consigue» y «poca gente recibe formación sostenida» producen la misma estadística y significan cosas opuestas. Los datos disponibles no permiten separarlas del todo, pero los autores que las midieron se inclinan claramente por la segunda.
El braille y el audio no compiten
El audio no es el enemigo del braille y plantearlo así no ayuda a nadie que esté decidiendo qué hacer con sus tardes.
Lo que hace bien el audio. Ha multiplicado la cantidad de texto disponible, llega antes y sale más barato. En España, el 54 % de las 29 255 solicitudes de adaptación bibliográfica que recibió la ONCE en 2024 fueron de sonido, frente al 34,4 % de braille. Es mayoritario por razones reales.
Lo que el audio no hace. Escuchar un texto y leerlo no son la misma operación. La declaración de la Unión Europea de Ciegos sobre el acceso a la lectura, de septiembre de 2023, describe el braille como la experiencia directa con la alfabetización, frente a las formas auditivas, que califica de accesos pasivos a la información. Quien solo escucha no ve dónde va la tilde, dónde acaba el párrafo, cómo se escribe una fórmula. Un informe de 2018 para la Unión Europea de Ciegos añade que el braille permite comprender la estructura formal de la lengua —espaciado, formato y gramática— y lo considera imprescindible frente al audio en ciencias, matemáticas y lenguas extranjeras.
Y hay tareas donde el audio directamente no llega. Etiquetar los frascos de la cocina. Saber cuál de dos cajas idénticas es cuál. Tomar una nota de tres palabras y leerla mañana. Apuntar un número de teléfono mientras hablas por ese mismo teléfono. Leer un botón de ascensor. Seguir un guion mientras hablas en público sin un auricular metiéndote la voz en el oído. Son tareas pequeñas y frecuentes, y ninguna se resuelve escuchando.
La discusión completa, con el rastro de las cifras que circulan sobre este tema, está en ¿está muriendo el braille?. Adelantamos una advertencia de allí: el famoso «solo el 10 % de las personas ciegas lee braille» procede de una estimación estadounidense de 1996 y no aguanta el peso que se le pone encima.
Empezar por lo útil, no por el alfabeto entero
El orden habitual —las 27 letras primero, la utilidad después— es el que hace abandonar. Lo que sostiene la práctica es ver el braille funcionando en tu casa dentro de la primera semana, y para eso no hace falta el alfabeto completo.
Las cajas de medicamentos ya son material de lectura. En la Unión Europea, la Directiva 2004/27/CE obliga desde 2005 a que el nombre del medicamento figure en braille en el envase, y la guía de la Comisión Europea precisa que se usa braille de grado 1, sin contracciones. Traducido: el relieve que tienes en la mano está en el sistema básico que estás aprendiendo, no en el abreviado. Si te sabes ocho letras, ya puedes empezar a distinguir cajas por su inicial. Qué dice exactamente ese relieve y qué deja fuera está en el braille en los medicamentos.
Etiquetar es la tarea de entrada. No hace falta escribir la palabra entera: una o dos letras bastan para distinguir. La sal y el azúcar. El champú y el suavizante. El botón del microondas que usas siempre. Cada etiqueta es una excusa para pasar el dedo diez veces al día por la misma celda, que es exactamente el tipo de repetición que entrena la discriminación táctil.
Un orden que funciona, sin plazos inventados:
| Paso | Qué haces | Por qué |
|---|---|---|
| 1 | Entender la celda de seis puntos y su numeración | Todo lo demás se apoya en esto y son cinco minutos |
| 2 | Aprender solo las diez primeras letras, de la a a la j | Usan únicamente los cuatro puntos de arriba y son la base de las otras dos series |
| 3 | Etiquetar tres cosas de la casa con esas letras | Es lo que convierte el estudio en uso |
| 4 | Buscar los relieves que ya existen a tu alrededor: medicamentos, ascensores, cajeros | Material de lectura gratis y en grado 1 |
| 5 | Completar las tres series, la ñ y las vocales acentuadas | Ver la tabla del alfabeto |
| 6 | Añadir el signo de número y el de mayúscula | Son los dos que descolocan a todo el mundo |
| 7 | Solo entonces, planteárselo con el braille contraído de grado 2 | Ver grado 1 y grado 2 |
Sobre la frecuencia: quince minutos todos los días rinden más que dos horas un domingo. Lo damos como criterio, no como resultado medido en braille —no existe ningún ensayo que compare las dos cosas—, y se apoya en que la frecuencia de lectura aparece correlacionada con la velocidad en el estudio de 2021 y en la evidencia general sobre práctica distribuida.
Dónde buscar formación
La variable que más pesa en los datos es la enseñanza recibida, y es la única de esta página sobre la que puedes actuar hoy. Conviene buscar por función, porque los nombres de los programas cambian de un país a otro y no vamos a inventar ninguno.
| Qué buscas | Cómo se llama esa función | Dónde suele estar |
|---|---|---|
| Aprender braille con un instructor | Rehabilitación básica o rehabilitación funcional | Organizaciones de personas ciegas y servicios públicos de atención a la discapacidad |
| Recuperar autonomía en casa y en la calle | Rehabilitación de la vida diaria y orientación y movilidad | Los mismos servicios; el braille suele ir dentro de ese paquete |
| Formación gratuita a distancia | Talleres y cursos en línea | Organizaciones internacionales; varias son gratuitas y sin registro obligatorio |
| Material didáctico para trabajar por tu cuenta | Métodos de alfabetización braille para adultos | Publicados en abierto por las organizaciones nacionales |
| Acreditar la discapacidad para acceder a servicios | Registro o certificado oficial | Organismo público de discapacidad de tu país |
Tres recursos concretos, verificados, que sirven para adultos y que no cuestan dinero:
- El método Ponte a Punto, de la ONCE. Es el material de alfabetización braille pensado para adultos. Español, PDF, sin registro.
- El documento técnico B 11-2 de la Comisión Braille Española, sobre la enseñanza del braille a personas adultas con ceguera y sordoceguera. Es didáctica, no normativa de signos, y está en abierto.
- Hadley, organización estadounidense con talleres cortos y gratuitos, incluida una serie sobre uso cotidiano del braille —etiquetar cosas en casa, leer un botón de ascensor—. En inglés, con transcripción, registro opcional.
Las fichas completas de estos tres y de treinta recursos más, con idioma, formato, coste y registro comprobados uno a uno, están en recursos gratuitos de braille. Está escrito pensando en docentes, pero la mitad de la lista sirve igual para aprender por tu cuenta.
Y una advertencia que sale de los datos y no de nuestra opinión: la literatura de rehabilitación describe que la instrucción poco frecuente alarga tanto el aprendizaje que empuja a abandonarlo en favor del audio (Pester, 1993, citado en McDonnall et al., 2025). Si tienes que elegir entre una sesión larga al mes y una corta cada semana, la corta cada semana es la que la evidencia respalda.
Sobre lo nuestro: una app —la nuestra o cualquier otra— cubre el código y la práctica diaria corta, que es el paso 1 al 2 de la tabla de arriba. No cubre el tacto. Si solo puedes tener una cosa, ten al instructor.
Qué esperar de los primeros meses
No hay ningún estudio que mida cuánto tarda un adulto con pérdida de visión reciente en leer braille con fluidez. Cualquier número que te den para tu caso es inventado. Lo que sí existe son referencias de orden de magnitud, y conviene mirarlas sabiendo de dónde salen.
La única serie completa que hemos encontrado es de adultos videntes aprendiendo a leer al tacto: 29 personas, nueve meses, práctica diaria. Conocían la mayoría de las letras hacia el quinto mes. Al terminar leían palabras enteras a una media de 6 palabras por minuto, con un rango de 0 a 17: dos personas no leyeron ni una palabra (Bola et al., 2016). Que ese curso sea de personas videntes es una limitación real, y la señalamos abajo.
Un dato que sirve para calibrar la comparación: ese ritmo coincide con el de los niños ciegos escolarizados, que mejoran entre 6 y 9 palabras por minuto al año. Los propios autores concluyen que la privación visual no parece acelerar de forma significativa la adquisición de fluidez lectora táctil, al menos en las fases iniciales. Aprender a leer con los dedos es lento para todo el mundo. Lo que cambia entre unos y otros es cuántas horas al día lo hacen y durante cuántos años.
Cuatro expectativas que se pueden sostener:
- El alfabeto llegará antes de lo que crees y el tacto después. Esa asimetría es normal y no indica nada sobre ti.
- Habrá semanas sin mejora aparente. Las habilidades perceptivas no progresan linealmente, y la mejora no se nota desde dentro con la misma resolución con que se mide desde fuera.
- La primera lectura útil será corta. Una etiqueta, una inicial, el nombre de una caja. Es exactamente el uso que el estudio del 11,5 % no cuenta como competencia — y es el que resuelve un problema real el primer mes.
- Nadie puede decirte a qué velocidad acabarás leyendo. Entre adultos experimentados que leen braille con regularidad, el rango medido va de 24 a 232 palabras por minuto (Legge et al., 1999, 44 participantes). Es un factor de casi diez a uno dentro de un grupo que ya sabe.
Lo que no hemos podido confirmar
| Qué buscábamos | Qué encontramos |
|---|---|
| Cuánto tarda un adulto con pérdida de visión reciente en leer braille con fluidez | No existe ese dato. La serie de nueve meses que citamos es de adultos videntes; extrapolarla a personas con ceguera adquirida es una suposición nuestra y la marcamos como tal |
| Cuántos adultos con pérdida de visión tardía reciben realmente formación en braille, y durante cuánto tiempo | No lo hemos encontrado. Es el número que convertiría el debate del 11,5 % en una respuesta, y nadie lo publica |
| Si el glaucoma o la DMAE afectan a la sensibilidad táctil | Nada. La única patología cuya relación con el tacto hemos encontrado estudiada es la diabetes. Del resto no decimos nada, ni a favor ni en contra |
| Que el trabajo manual o las callosidades dificulten leer braille | Nada sólido. Muy repetido, no medido. Lo dejamos como no verificado |
| Si aprender braille de adulto mejora resultados de vida —empleo, autonomía— | No podemos afirmarlo. McDonnall et al. advierten explícitamente que su estudio solo documenta asociaciones y no que la competencia braille cause nada |
| Harley, Pichert y Morrison (1985), texto completo | No hemos accedido. Usamos el resumen publicado y la descripción que hace de él McDonnall et al. (2025) |
| Datos españoles o latinoamericanos sobre adultos que aprenden braille tras perder la visión | No los hemos encontrado. Todo lo cuantitativo de esta página procede de estudios publicados en inglés, con muestras de fuera del ámbito hispanohablante |
| Si empezar por tareas útiles mejora la retención frente a empezar por el alfabeto | Es criterio, no resultado. No hemos localizado ningún ensayo que lo compare en braille |
Si conoces algún estudio que resuelva cualquiera de estos puntos, especialmente datos en español, nos interesa. Corregiremos el artículo y lo diremos.
Preguntas frecuentes
¿Se puede aprender braille después de perder la vista de adulto?
Sí. Es más lento que aprenderlo de niño, y eso está medido, pero la edad actual de la persona no predice la velocidad de lectura braille: en un estudio con 46 adultos ciegos de 23 a 88 años, lo que correlacionaba con la velocidad era la frecuencia de lectura, la agudeza táctil activa y la edad a la que se aprendió, no la edad que se tiene.
¿Es verdad que solo el 11,5 % de quienes pierden la visión de adultos aprende braille?
No es lo que mide esa cifra. El 11,5 % procede de una encuesta a 449 adultos legalmente ciegos y recoge a quienes se declaran fluidos en braille contraído de grado 2. Quien lee braille de grado 1 sin problemas queda contabilizado como «no competente». Los autores explican la diferencia por la oportunidad de recibir formación, no por la capacidad.
¿La diabetes impide aprender braille?
No por sí sola. En un estudio con 35 personas con retinopatía diabética y neuropatía periférica, al menos 25 aprendieron a leer braille estándar o de tamaño aumentado. La neuropatía puede alargar el plazo y hace razonable empezar con puntos de mayor tamaño o altura. Si tienes neuropatía en las manos, díselo a quien te enseñe: es información útil para adaptar el material.
¿A los 60 o 70 años ya es tarde?
Los datos disponibles no respaldan esa idea. La sensibilidad táctil decae con la edad en personas videntes —en torno a un 0,86 % anual—, pero en 49 lectores de braille ciegos de 18 a 74 años no se detectó esa caída, y en el estudio canadiense de 2021 la edad de la persona no correlacionaba con la velocidad de lectura. Lo que pesa es cuánta práctica acumulada hay detrás y cuánta enseñanza se recibe.
¿Merece la pena si ya uso lector de pantalla?
Resuelven cosas distintas. El audio da acceso a mucho más texto y llega antes; el braille es lo único que te muestra la ortografía, la puntuación y la estructura del texto en lugar de leértelas, y lo único que sirve para etiquetar un frasco, leer un botón o tomar una nota corta. La mayoría de la gente que lee braille usa las dos cosas.
¿Cuánto tengo que practicar al día?
Quince minutos diarios rinden más que dos horas un domingo. Es un criterio pedagógico y no un resultado medido en braille: se apoya en la evidencia general sobre práctica distribuida y en que la frecuencia de lectura aparece correlacionada con la velocidad en los estudios con adultos.
¿Necesito material en relieve o puedo empezar en pantalla?
Para el código, la pantalla o una lámina impresa bastan. Para el tacto hace falta relieve, y no hay atajo. Los envases de medicamentos europeos llevan el nombre en braille de grado 1 y son material de lectura real que probablemente ya tengas en casa.
¿Tengo que aprender el braille contraído?
No para empezar, y no necesariamente nunca. El grado 2 es un sistema de abreviaturas encima del grado 1, y en español se llama estenografía. Para etiquetar, tomar notas y leer textos cortos, el grado 1 es suficiente. La diferencia está explicada en grado 1 y grado 2.
