¿Está muriendo el braille? Qué dicen los datos
No se sabe. Y no es una evasiva: es el hallazgo. La cifra con la que casi siempre se responde a esta pregunta —«solo el 10 % de las personas ciegas lee braille»— procede de una estimación estadounidense de 1996, se cita como si fuera mundial y actual, y una revisión sistemática publicada en 2022 concluyó que en Estados Unidos no hay hoy ninguna fuente que mida la alfabetización braille.
Este artículo no defiende que el braille se esté muriendo ni que goce de excelente salud. Defiende algo más incómodo y más útil: la cifra sobre la que se ha construido todo el debate no aguanta el peso que le ponemos encima. Debajo está de dónde sale exactamente, por qué no sirve para lo que la usamos, y qué datos sí se pueden afirmar con nombre, año y población.
Aviso: nosotros vendemos aprendizaje de braille
Braillito es una app para aprender braille, así que somos parte interesada en este debate. Un artículo nuestro que concluyera «el braille está más vivo que nunca» sería exactamente lo que cabría esperar de nosotros, y por eso deberías desconfiar de él.
No podemos quitarnos ese conflicto de encima, pero sí podemos hacer el artículo comprobable:
- Cada cifra va con enlace a su fuente, su año y su población. Si no podemos decir de qué país y de qué año es un número, no lo publicamos.
- No sustituimos una cifra frágil por otra frágil. Varias estadísticas que habrían encajado muy bien en nuestro discurso están descartadas más abajo, con el motivo.
- La conclusión no nos favorece. Si estuviéramos buscando argumentos de venta, «hay una crisis de alfabetización braille del 90 %» sería mucho mejor titular que «nadie lo mide».
Puntos clave
- La cifra del 10 % que circula en todo el mundo aparece en The Braille Literacy Crisis in America, un informe de la National Federation of the Blind de marzo de 2009. Pero el informe no la genera: la cita. Su fuente es una estimación de la American Foundation for the Blind publicada en 1996 en una sola página de una revista.
- Una revisión sistemática de 95 publicaciones, publicada en 2022 en el Journal of Visual Impairment & Blindness, rastreó todas las citas sobre tasas de alfabetización braille desde los años setenta y las redujo a dos fuentes primarias: un informe del National Library Service de 1979 y los datos del censo de cuota federal de la American Printing House for the Blind (APH), «que no deberían usarse como fuente de tasas de alfabetización braille».
- La propia APH lo prohíbe por escrito en el documento que publica cada año: «El número de estudiantes que leen braille en Estados Unidos NO PUEDE determinarse a partir de estos datos».
- Con el mismo censo de la APH de 2024, los lectores de braille son el 7,66 % o el 13,92 % del total según qué se ponga en el denominador. Las dos cifras están en la misma página del mismo informe.
- Ningún organismo mide esto de forma comparable entre países. Un informe de 2018 para la Unión Europea de Ciegos encuestó a nueve países europeos y concluyó: «Ninguno de los países recogía datos y estadísticas de ámbito nacional sobre el número de niños con discapacidad visual que podrían beneficiarse del braille o que lo usaban».
- En el World report on vision de la OMS (2019), más de 50 000 palabras sobre visión en el mundo, la palabra «braille» aparece una sola vez, dentro de una enumeración.
- Lo que sí se mide es producción y préstamo, y ahí el braille no desaparece: se desplaza al soporte digital. En 2024, el servicio de bibliotecas para ciegos de Estados Unidos prestó más de 157 000 libros en braille en papel y sus usuarios descargaron casi 450 000 en braille electrónico.
- En España, el 34,4 % de las 29 255 solicitudes de adaptación bibliográfica que recibió la ONCE en 2024 fueron de braille, frente al 32,4 % en 2022. Sube la proporción; baja el total de solicitudes.
- El debate de fondo es real y no se resuelve con estadísticas: audio frente a lectura táctil, cambio en las causas de ceguera, escuela inclusiva y escasez de profesorado especializado. Los exponemos todos sin caricaturizar ninguno.
De dónde sale exactamente la cifra del 10 %
Aquí está el trabajo principal de este artículo, así que lo contamos paso por paso.
El informe que todo el mundo cita
La fuente que aparece detrás de casi todas las menciones es The Braille Literacy Crisis in America: Facing the Truth, Reversing the Trend, Empowering the Blind, publicado el 26 de marzo de 2009 por el Jernigan Institute de la National Federation of the Blind (NFB), la mayor organización de personas ciegas de Estados Unidos. Su resumen ejecutivo dice, literalmente:
«Fewer than 10 percent of the 1.3 million people who are legally blind in the United States are Braille readers. Further, a mere 10 percent of blind children are learning it.»
Es decir: menos del 10 % de los 1,3 millones de personas legalmente ciegas de Estados Unidos leen braille, y solo un 10 % de los niños ciegos lo está aprendiendo. Esa frase, traducida y recortada, es la que ha dado la vuelta al mundo durante diecisiete años.
Conviene decir con claridad qué era ese documento y qué no era. Era un informe de incidencia política, no un estudio. Lo dice su propio subtítulo y lo dice su objetivo declarado: duplicar la tasa de alfabetización braille antes de 2015. La NFB es una organización seria con una causa legítima, y un informe que reclama más enseñanza de braille es exactamente lo que se espera de ella. El problema no es el informe: es cómo se ha citado después.
La cifra no es suya: la está citando
Este es el punto que casi nadie comprueba. En el cuerpo del informe, la NFB atribuye el dato explícitamente:
«The American Foundation for the Blind (1996) has estimated that fewer than 10 percent of people who are legally blind in the United States and fewer than 40 percent of the estimated number who are functionally blind are Braille readers. The American Printing House for the Blind estimates the Braille literacy rate among children to be around 10 percent.»
Hay dos cifras y dos fuentes distintas, y la traducción popular las ha fundido en una sola.
Vamos a la primera. En la bibliografía del informe, la referencia completa es:
American Foundation for the Blind. «Estimated Number of Adult Braille Readers in the United States.» Journal of Visual Impairment & Blindness 90, n.º 3 (mayo/junio de 1996): 287.
Una sola página. La 287 de un número de revista de 1996. No es un estudio con metodología descrita, ni una encuesta, ni un censo: es una estimación publicada en una página suelta, hace treinta años.
Y hay un detalle que se pierde siempre al citar: la misma frase dice también que menos del 40 % de las personas «funcionalmente ciegas» leen braille. Dos denominadores distintos en la misma oración, con resultados que se diferencian en cuatro veces. Volveremos a eso, porque es el corazón del asunto.
| Eslabón | Qué es | Año |
|---|---|---|
| «Solo el 10 % de los ciegos lee braille» | Titular, tuit, artículo de prensa | 2009-2026 |
| The Braille Literacy Crisis in America | Informe de incidencia de la NFB, que cita el dato | 2009 |
| AFB, «Estimated Number of Adult Braille Readers in the United States» | Estimación de una página en el JVIB | 1996 |
| ¿Y debajo de eso? | Es lo que fue a averiguar una revisión sistemática | 2022 |
La revisión sistemática que fue hasta el fondo
En enero de 2022, cuatro investigadoras publicaron en el Journal of Visual Impairment & Blindness —la revista de la propia American Foundation for the Blind— el trabajo que faltaba: «How Many Braille Readers? Policy, Politics, and Perception», de Rebecca M. Sheffield, Frances Mary D'Andrea, Valerie Morash y Sarah Chatfield (vol. 116, n.º 1, págs. 14-25).
Hicieron una revisión sistemática de la literatura, retrocediendo hasta principios del siglo XX, y aislaron 95 artículos y manuscritos que afirmaban algo concreto sobre cuántas personas leen braille. Su resumen dice:
«All identified citations used as the basis for braille literacy rates since the 1970s can be traced back to two primary sources: a National Library Service report from 1979 and the American Printing House for the Blind (APH) Federal Quota data (which should not be used as a source for braille literacy rates).»
Y la conclusión práctica, en el apartado de implicaciones:
«There is no current source of data that succinctly measures braille literacy rates in the United States, and there are no data that explain whether braille literacy rates are rising or declining.»
Traducido y sin adornos: todas las citas sobre tasas de alfabetización braille desde los años setenta se reducen a dos fuentes primarias —un informe de 1979 y unos datos que no sirven para eso—, no hay hoy ninguna fuente que mida la alfabetización braille en Estados Unidos, y no hay datos que digan si sube o baja.
En el blog de la AFB, Sheffield y Chatfield resumieron el hallazgo el 23 de marzo de 2022 con dos frases que merecen citarse:
«Answering a question like "How many braille readers are there?" requires a shared understanding of what it means to be a "reader." As with "visual impairment," there is also no single definition of "braille literacy," or even "literacy"» (pág. 17).
«The results of this study could be considered a cautionary tale for the field of visual impairment on using old data and repeating unsupported information» (pág. 21).
Una confirmación independiente
Que el hallazgo venga de la revista de la AFB —la organización cuya estimación de 1996 queda desmontada— ya dice bastante. Pero hay una segunda confirmación, desde otra disciplina.
En 2023, tres investigadores de lingüística y psicología publicaron en Applied Psycholinguistics «A position paper on researching braille in the cognitive sciences» (Robert Englebretson, M. Cay Holbrook y Simon Fischer-Baum). Al explicar por qué el braille está ausente de la ciencia de la lectura, escriben:
«Sheffield et al. (2022) clearly explicate that there are no comprehensive or reliable statistics about the number of braille readers in the United States (much less in the world). They demonstrate that figures claiming "only ten percent" of blind people read braille, which are often cited in the media, are either based on secondary sources that cite other secondary sources rather than primary counts, are based on small sample sizes that are local in nature and decades old, or are based on the extrapolation of inappropriate data sources.»
Las tres razones, separadas: fuentes secundarias que citan fuentes secundarias; muestras pequeñas, locales y de hace décadas; y extrapolación de datos que no servían para eso. Es la descripción más precisa que hemos encontrado de por qué la cifra falla, y no la firma nadie con intereses en el sector.
El caso APH: la fuente que prohíbe su propio uso
La segunda mitad de la frase de 2009 —«la APH estima que la tasa de alfabetización braille entre los niños ronda el 10 %»— tiene un desenlace todavía más nítido, porque se puede comprobar en un PDF público de este año.
La American Printing House for the Blind realiza cada año el censo de cuota federal: registra a los estudiantes de Estados Unidos que cumplen la definición de ceguera y tienen por tanto derecho a material adaptado, y de ese recuento sale el reparto del dinero federal. Es un censo administrativo con una finalidad de financiación.
En la portada del reparto de fondos, antes de cualquier tabla, la APH imprime este aviso:
NOTICE: For Press Members and Researchers/Teachers: The number of students who read braille in the United States CANNOT be determined from this data.
Y en su memoria anual, junto a la tabla misma:
«Statements regarding student literacy, use of appropriate learning media, and students taught in a specific medium cannot be supported using APH registration data.»
Es decir: la organización cuyos datos sostienen la mitad de la cifra dice, por escrito y en mayúsculas, que sus datos no sirven para decir eso.
Por qué no sirven: la demostración está en la propia tabla
El censo del 2 de enero de 2024 registró 55 382 estudiantes. Este es el reparto por medio de lectura principal, tal como lo publica la APH:
| Medio de lectura principal | Estudiantes | % del total registrado |
|---|---|---|
| Lectores visuales | 19 477 | 35,17 % |
| Lectores de braille | 4 245 | 7,66 % |
| Lectores auditivos | 6 779 | 12,24 % |
| Prelectores | 11 504 | 20,77 % |
| Lectores simbólicos y no lectores | 13 377 | 24,15 % |
| Total | 55 382 | 100 % |
Fuente: APH, Annual Report FY2024, censo de cuota federal de 2 de enero de 2024.
Fíjate en las dos últimas filas. El 44,92 % de los estudiantes registrados no lee en ningún medio: son prelectores —niños pequeños, incluidos bebés desde el nacimiento— o estudiantes que la propia APH clasifica como «lectores simbólicos y no lectores», definidos como quienes «no muestran potencial de lectura tradicional en tinta o en braille».
Si el denominador son solo los estudiantes que efectivamente leen en algún medio —19 477 + 4 245 + 6 779 = 30 501—, el resultado cambia. Y no hace falta que lo calculemos nosotros: la propia APH publica ese segundo gráfico en la misma página.
| Lectores de braille, según el denominador | Resultado |
|---|---|
| Sobre el total de estudiantes registrados (55 382) | 7,66 % |
| Sobre los estudiantes que leen en algún medio (30 501) | 13,92 % |
Las dos cifras son correctas. Las dos salen del mismo censo. Y se diferencian en casi el doble. Añade que un 4,91 % más de estudiantes tiene el braille como medio de lectura secundario, y el número vuelve a moverse.
Esto es, en una tabla, todo el problema del artículo: una proporción sin denominador explícito no significa nada. Y «el 10 % de las personas ciegas» es exactamente eso.
Por qué «el 10 % de los ciegos» no puede significar una sola cosa
Hay dos definiciones flotando dentro de la frase, y ninguna es estable.
Quién cuenta como ciego
La ceguera legal no es la ausencia de visión. En Estados Unidos, la definición administrativa es una agudeza de 20/200 o menos en el mejor ojo con la mejor corrección, o un campo visual de 20 grados o menos. La inmensa mayoría de las personas que cumplen esa definición ven algo, a veces bastante.
El caso español lo ilustra con números públicos. El censo de la ONCE a 31 de diciembre de 2024 era de 71 444 personas afiliadas, y su composición es esta:
| Condición visual de las personas afiliadas a la ONCE | Porcentaje |
|---|---|
| Ceguera total | 13 % |
| Deficiencia visual grave | 82,3 % |
| Visión no cuantificable | 4,7 % |
Fuente: ONCE, Memoria de servicios sociales para personas afiliadas 2024.
Ocho de cada diez personas afiliadas a la ONCE tienen deficiencia visual grave, no ceguera total. Y el 47,8 % tiene más de 65 años, frente a un 5,4 % de 18 años o menos. Cualquier porcentaje que use «las personas ciegas» como denominador está midiendo, sobre todo, a personas mayores con resto visual —muchas de las cuales leen en macrotipo o escuchan— y no a lectores potenciales de braille en edad escolar.
Esta es también, dicho sin rodeos, la parte del debate donde hay desacuerdo genuino y de fondo: a partir de cuánto resto visual se considera que alguien «debería» leer braille. Es una discusión pedagógica legítima, no una cuestión estadística, y quien la resuelva de una manera u otra obtendrá cifras muy distintas con los mismos datos.
Quién cuenta como lector de braille
La segunda definición es todavía más resbaladiza. ¿Es lector de braille quien lee novelas a 120 palabras por minuto? ¿Quien identifica el nombre de un medicamento en la caja? ¿Quien etiqueta sus especias? ¿Quien lo aprendió de niño y hace veinte años que no lo usa? ¿Quien lee solo con línea braille, sin tocar papel jamás?
Ninguna de las fuentes que hemos revisado usa la misma definición, y varias no dan ninguna. Es lo que señalan tanto Sheffield y sus coautoras como Englebretson y los suyos: sin una definición compartida de «leer braille», el porcentaje no es comparable ni consigo mismo entre dos años.
Qué se mide en otros países
Aquí esperábamos encontrar el contrapeso: si la cifra estadounidense es frágil, quizá alguien lo mida mejor en otra parte. Fuimos a buscarlo y el resultado es en sí mismo el hallazgo.
Reino Unido
El RNIB publica una cifra: «Around seven per cent of people who are registered blind or partially sighted use braille» —alrededor del 7 % de las personas registradas como ciegas o con visión parcial usan braille—. Está en su página de investigación sobre lectura y braille, publicada el 12 de septiembre de 2022.
Tres cosas hay que decir sobre ese 7 %, y las tres importan:
- El denominador no es el mismo que el estadounidense. Son personas registradas como ciegas o con visión parcial, un grupo más amplio que la ceguera legal. Con un denominador más grande, el porcentaje baja. El 7 % británico y el 10 % estadounidense no son comparables, y ponerlos uno al lado del otro para hablar de una tendencia mundial es un error.
- La fuente es My Voice, la encuesta del propio RNIB a personas ciegas y con visión parcial del Reino Unido. Es una encuesta real, con muestra y método, no una extrapolación.
- La misma página añade, tras remitir a My Voice: «For full references contact…», y da una dirección de correo. La referencia exacta —qué edición de My Voice, qué pregunta, qué año de campo— no está publicada junto al dato. Que la organización más solvente de Europa en esta materia publique su cifra sin la referencia al lado es, otra vez, el mismo problema en pequeño.
El RNIB publicó además en 2024 su informe Braille 200, una encuesta a personas que ya leen braille sobre cómo lo usan. Es un documento valioso —tres cuartas partes de la muestra usa braille varias veces por semana, más de la mitad a diario— pero conviene entender qué mide: es una encuesta a lectores de braille, no una medición de cuántos hay. Preguntar a quienes leen braille con qué frecuencia lo hacen no dice nada sobre la prevalencia, y el propio informe no pretende lo contrario.
Europa
La respuesta europea es la más rotunda que encontramos. En enero de 2018, la Asociación Danesa de Ciegos, el ICEVI y la doctora Sarah Woodin publicaron Braille Teaching and Literacy: A Report for the European Blind Union and European Commission, resultado de un proyecto de dos años en nueve países: Austria, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Islandia, Italia, Noruega y Suecia.
El primer apartado de sus hallazgos dice:
«None of the countries collected national level data and statistics on the number of visually impaired children who might benefit from using Braille or who did use Braille. Statistics were collected for other purposes, such as to determine the number claiming welfare benefits or those eligible for services. This lack of comparable data means that the numbers of visually impaired children are not known accurately.»
Y más adelante, sobre la comparabilidad:
«The statistics and figures on the number of visually impaired readers from the country responses are not easily comparable. Countries have developed different methods for different purposes and this resulted in different data.»
Cuando el informe preguntó directamente «¿cuántos niños leen y escriben braille en la escuela?», estas fueron todas las respuestas obtenidas:
| País | Niños que leen y escriben braille en la escuela |
|---|---|
| Austria | 100 alumnos |
| Estonia | 15 alumnos mayores de 7 años, más un número desconocido con pluridiscapacidad |
| Islandia | 6 niños |
| Noruega | Unos 80 |
| Suecia | Unos 7 por curso escolar (sin total) |
| Francia | No hay información disponible |
| Dinamarca e Italia | No respondieron |
Fuente: EBU / Comisión Europea, Braille Teaching and Literacy, 2018, apéndice 1, pregunta 1.1.
Francia, además, no puede registrar: el informe anota una prohibición legal de mantener ese tipo de registro. Y hay un matiz que el propio documento subraya y que explica media confusión del sector: «most blind children have other impairments as well. Therefore not all children were registered as being visually impaired if this was not thought of as their main impairment» —la mayoría de los niños ciegos tienen además otras discapacidades, y no siempre se les registra como discapacitados visuales si no se considera su discapacidad principal—.
Merece la pena subrayar quién dice esto. La Unión Europea de Ciegos es parte interesada a favor del braille: su plan estratégico pedía que todo niño que pudiera beneficiarse del braille tuviera acceso a buena enseñanza. Un informe suyo tenía todos los incentivos para publicar una cifra alarmante. Publicó, en cambio, que la cifra no existe.
España
No hemos encontrado ninguna estimación publicada del porcentaje de personas ciegas que leen braille en España. No la publica la ONCE en sus memorias de servicios sociales, que sí publican con detalle producción, solicitudes y censo de afiliación; no la encontramos en la Comisión Braille Española; y no aparece en los documentos del Consejo Iberoamericano del Braille que revisamos.
Lo que sí hay en España es lo que contamos en el apartado siguiente: datos de demanda y producción, que son de otra naturaleza y, en nuestra opinión, más honestos.
La Organización Mundial de la Salud
La OMS publicó en 2019 el World report on vision, el documento de referencia mundial sobre salud visual: al menos 2200 millones de personas con alguna deficiencia visual, con estimaciones por región y por causa.
Descargamos el informe completo y lo revisamos. En sus más de 50 000 palabras, la palabra «braille» aparece exactamente una vez, dentro de una enumeración de adaptaciones: «reading using Braille, screen readers, smartphone wayfinders».
No es un reproche a la OMS: su informe es de salud pública, no de alfabetización. Pero conviene tenerlo claro, porque muchas veces la cifra del 10 % se presenta acompañada de datos de la OMS, como si viniera del mismo sitio. No viene. La OMS no mide esto.
| Fuente | Población que mide | Cifra | Año | ¿Comparable? |
|---|---|---|---|---|
| AFB, vía NFB (EE. UU.) | Personas legalmente ciegas | «Menos del 10 %» | 1996 | No: estimación sin metodología publicada |
| AFB, vía NFB (EE. UU.) | Personas funcionalmente ciegas | «Menos del 40 %» | 1996 | No: mismo problema, otro denominador |
| APH (EE. UU.) | Estudiantes registrados para material adaptado | 7,66 % o 13,92 % | 2024 | La APH prohíbe expresamente este uso |
| RNIB (Reino Unido) | Personas registradas ciegas o con visión parcial | «Alrededor del 7 %» | My Voice | No con EE. UU.: otro denominador |
| EBU / Comisión Europea | Niños en 9 países europeos | Recuentos sueltos, incompletos | 2018 | No: «no fácilmente comparables» |
| ONCE (España) | — | No publica ninguna | — | — |
| OMS (mundial) | — | No mide el braille | 2019 | — |
La medida más honesta: qué se produce y qué se presta
Si nadie cuenta lectores, ¿qué se puede contar? Libros. Y los libros sí se cuentan, porque alguien los paga.
Es una medida indirecta: cuenta servicio, no personas, y un lector voraz puede pedir cincuenta títulos mientras otro no pide ninguno. Pero tiene tres virtudes de las que carece cualquier encuesta: se recoge todos los años con el mismo criterio, la publica quien no gana nada exagerándola, y se puede comparar consigo misma a lo largo del tiempo.
Estados Unidos: el papel no cae, pero lo digital lo triplica
El National Library Service for the Blind and Print Disabled de la Biblioteca del Congreso publicó esta cifra en su boletín de enero-marzo de 2025, referida al año 2024:
«Last year, NLS circulated more than 157,000 books in hard-copy braille and patrons downloaded nearly 450,000 books in electronic braille.»
157 000 libros en braille en papel prestados y casi 450 000 descargas de braille electrónico, en el mismo año y en el mismo servicio (NLS, boletín de enero-marzo de 2025).
La cronología del propio NLS ayuda a leerlo. Web-Braille, la distribución de libros en braille por internet, es de 1999. El préstamo de líneas braille actualizables se autorizó en 2016 y las primeras se entregaron a usuarios en 2017; desde 2024 el lector braille del NLS está disponible para cualquier usuario que lo pida. En 2022 arrancó Braille-on-Demand, que permite pedir libros en braille en papel y quedárselos.
España: sube la proporción de braille, baja el total
La ONCE publica cada año, en su memoria de servicios sociales, el reparto de las solicitudes de adaptación bibliográfica. Comparamos dos años:
| Servicio Bibliográfico de la ONCE | 2022 | 2024 |
|---|---|---|
| Solicitudes de adaptación bibliográfica | 34 305 | 29 255 |
| — en braille | 32,4 % | 34,4 % |
| — en sonido | 60,4 % | 54 % |
| — en relieve | 7,2 % | 8,4 % |
| Obras nuevas producidas | 6 859 | 7 275 |
| Copias producidas | 31 869 | 28 615 |
| Títulos en la Biblioteca Digital ONCE | 71 588 | 78 428 |
| Descargas de la Biblioteca Digital | 428 202 | 477 843 |
Fuentes: memorias de servicios sociales para personas afiliadas de la ONCE de 2022 y 2024.
Dos años no son una tendencia, y lo decimos antes de que nadie lo diga por nosotros. Pero el patrón que se ve es interesante y no es el que predice el relato del braille moribundo: el total de solicitudes cae, la proporción de braille sube, y la biblioteca digital crece en títulos y en descargas. En 2024 la ONCE atendió 10 953 solicitudes de adaptación en braille y produjo 7275 obras nuevas.
Europa: el papel retrocede frente a lo electrónico
El informe de 2018 para la Unión Europea de Ciegos lo describe así:
«Recent years show a decline in printed Braille on paper in comparison with electronic publications. Although specialist libraries for people with visual impairments continue to produce books and articles on paper, the volume is declining overall and it is greatly outnumbered by electronic publications.»
Y añade un dato que no conviene omitir aunque incomode: «Many children are expressing a preference for audio materials, especially for leisure reading» —muchos niños prefieren el audio, sobre todo para leer por placer—.
Lo que estos tres conjuntos de datos dicen juntos, y solo eso: el braille en papel pierde peso frente al braille electrónico, y el braille electrónico crece. No dicen cuánta gente lee braille, ni si son más o menos que antes. Confundir las dos cosas es el error que denuncia este artículo, y no lo vamos a cometer al revés.
El debate real, sin caricaturas
Descartada la estadística, el desacuerdo de fondo sigue existiendo y es serio. Estos son los cuatro argumentos, expuestos como los defiende quien los defiende.
| Argumento | Qué sostiene | Qué lo apoya | Dónde flaquea |
|---|---|---|---|
| El audio sustituye | Los lectores de pantalla y el audio dan acceso a mucho más texto, antes y más barato | Es un hecho: el acceso digital al texto ha crecido enormemente | Acceso no es alfabetización: escuchar es recibir, no escribir |
| Cambian las causas de ceguera | Hoy hay más niños con discapacidad visual de origen neurológico y con otras discapacidades asociadas | La OMS y el NEI señalan la discapacidad visual cerebral como causa principal en la infancia | Explica el denominador, no si se enseña bien braille a quien lo necesita |
| Escuela inclusiva y falta de profesorado | Al escolarizar en el aula ordinaria, se pierde acceso a docentes que dominen el braille | El informe europeo documenta la preocupación en los nueve países | La alternativa —segregar— tiene su propio coste y contradice la Convención |
| El braille es la única alfabetización directa | Solo leyendo se aprenden ortografía, puntuación, estructura y notación científica | Es el argumento central de la literatura académica reciente | La comparación empírica con el audio está poco estudiada |
El audio y los lectores de pantalla
El argumento fuerte a favor del audio no es que sea igual de bueno: es que ha multiplicado por mucho la cantidad de texto disponible, y que llega antes y sale más barato. Las cifras del NLS y de la ONCE lo confirman: el audio sigue siendo mayoritario en la demanda. En España, el 54 % de las solicitudes de adaptación de 2024 fueron de sonido, frente al 34,4 % de braille.
El contraargumento fuerte no es sentimental. Escuchar un texto y leerlo no son la misma operación. La declaración de la Unión Europea de Ciegos sobre el acceso a la lectura, de septiembre de 2023, lo formula apoyándose en Englebretson y sus coautores: el braille es «la experiencia directa con la alfabetización», mientras que «todas las demás formas auditivas de la percepción son accesos pasivos a la información». Quien solo escucha no ve dónde va la tilde, dónde acaba el párrafo, cómo se escribe una fórmula. El informe europeo de 2018 lo dice en términos más prosaicos: aprender braille «permite a los usuarios comprender la estructura formal de la lengua, incluidos el espaciado, el formato y la gramática», y para materias como las ciencias, las matemáticas y las lenguas extranjeras lo considera imprescindible frente al audio.
Es un argumento fuerte y, en nuestra opinión, correcto. También es un argumento con menos evidencia experimental de la que uno esperaría, y decirlo forma parte de la honestidad de este artículo.
El cambio en las causas de ceguera
Este punto se caricaturiza mucho y es el más importante para entender los denominadores. La ceguera infantil de los años cincuenta —retinopatía del prematuro por exceso de oxígeno, infecciones— no es la de hoy. El National Eye Institute de Estados Unidos afirma que «la discapacidad visual cerebral o cortical (CVI) es una causa principal de discapacidad visual en niños» (cvi.nih.gov), una condición de origen neurológico que a menudo va acompañada de otras discapacidades.
El informe europeo lo confirma desde otro ángulo, ya citado: la mayoría de los niños ciegos tienen además otras discapacidades. Y el censo de la APH lo muestra en bruto: el 24,15 % de los estudiantes registrados son «lectores simbólicos y no lectores», es decir, estudiantes que la propia clasificación describe como sin potencial de lectura tradicional ni en tinta ni en braille.
Lo que este hecho explica es por qué el denominador «personas ciegas» no sirve. Lo que no explica es si se enseña bien braille a quien sí puede aprenderlo. Usar el cambio de causas para concluir que la enseñanza va bien sería tan tramposo como usar el 10 % para concluir que va mal.
La escuela inclusiva y el profesorado
El informe de 2018 recoge con precisión la tensión: en los nueve países había apoyo especializado para los niños escolarizados en centros ordinarios, pero incertidumbre sobre si bastaba. Las exigencias de braille en la formación del profesorado variaban enormemente —cursos universitarios en Noruega; en Estonia, el braille no formaba parte de la formación de los docentes de alumnos con discapacidad visual—. Y señala un vacío que encaja con todo lo anterior: en ningún país había una evaluación sistemática de la competencia lectora y de la velocidad de lectura en braille.
Es el mismo hueco otra vez. No es que los datos digan que la enseñanza va mal: es que no se toman los datos que dirían si va bien o mal.
Si te interesa el lado práctico de esta discusión, lo tratamos en cómo enseñar braille a un niño ciego.
Cómo citar una cifra de braille sin equivocarse
Esta sección es la parte útil, y se resume en cinco preguntas. Si una estadística sobre braille no responde a las cinco, no está lista para publicarse.
| Pregunta | Por qué importa | Ejemplo del artículo |
|---|---|---|
| ¿De qué país? | No hay ninguna cifra mundial | El 10 % es de Estados Unidos |
| ¿De qué año? | El dato más citado es de 1996 | Treinta años de distancia |
| ¿Qué denominador? | Cambia el resultado casi al doble | 7,66 % frente a 13,92 % con el mismo censo |
| ¿Qué es «leer braille»? | No hay definición compartida | Etiquetar especias y leer novelas no es lo mismo |
| ¿La fuente admite ese uso? | A veces lo prohíbe expresamente | «CANNOT be determined from this data» |
Y una regla derivada, que aplicamos aquí: si una cifra no aguanta esas cinco preguntas, no se publica en lugar de publicarse con reservas. Poner un dato dudoso con un «según algunas estimaciones» delante no lo arregla; lo lava.
Lo que no hemos podido confirmar
Esta sección es tan importante como el resto, y la escribimos larga a propósito. Este artículo dice, sobre todo, que faltan datos; sería incoherente no detallar cuáles nos faltan a nosotros.
| Dónde buscamos | Qué buscábamos | Qué encontramos |
|---|---|---|
| Informe de la NFB (2009), PDF completo | El origen de la cifra del 10 % | Está citada, no generada: procede de AFB (1996) y de la APH |
| JVIB 90 (3), mayo/junio de 1996, pág. 287 | La estimación original de la AFB | No hemos accedido al texto. Solo consta la referencia bibliográfica |
| Sheffield et al. (2022), JVIB 116 (1) | El artículo completo | De pago. Trabajamos con el resumen íntegro, el blog de la AFB y las citas de Englebretson et al. |
| El informe del NLS de 1979 | Identificarlo con título y autor | No lo hemos identificado. Sabemos que existe porque Sheffield et al. lo señalan, no porque lo hayamos leído |
| «El 90 % de los adultos ciegos empleados lee braille» | Su fuente primaria | Ninguna. Circulan versiones contradictorias entre sí; la descartamos entera |
| RNIB, My Voice | Año exacto, muestra y pregunta del 7 % | La página del RNIB no publica la referencia; remite a un correo electrónico |
| RNIB, Braille 200 (2024) | Tamaño y método de la muestra | No pudimos consultar el informe completo |
| ONCE y Comisión Braille Española | Porcentaje de personas afiliadas que leen braille | No lo publican. Sí publican producción, solicitudes y censo |
| OMS, World report on vision (2019) | Cualquier medición de braille | Una sola aparición de la palabra, en una enumeración |
| Eurostat y estadísticas de la UE | Un indicador comparable entre países | No localizamos ninguno |
| Consejo Iberoamericano del Braille | Datos de América Latina | No localizamos ninguna serie estadística |
| Literatura sobre braille y ortografía | Evidencia experimental frente al audio | Estudios pequeños y de otra pregunta; insuficiente para afirmar nada |
Y estas son las cinco cosas que no podemos afirmar, por mucho que encajaran bien en el artículo:
- Que la alfabetización braille esté cayendo. Sheffield y sus coautoras son explícitas: no hay datos que digan si sube o baja. Nosotros tampoco los encontramos.
- Que no esté cayendo. El mismo vacío corta en las dos direcciones, y sería deshonesto usarlo solo en la que nos conviene.
- Cuántas personas leen braille en el mundo. No hay ninguna cifra global defendible. Englebretson y sus coautores llegan a escribir que da igual que sean cinco millones o cinco mil, porque nadie lo sabe.
- Cuántas leen braille en España. No lo publica nadie que hayamos consultado.
- Si el braille electrónico está sustituyendo al de papel o ampliando el total. Las cifras del NLS son compatibles con las dos historias, y un año no distingue entre ellas.
Si tienes constancia de alguna fuente que resuelva cualquiera de estos puntos —una encuesta nacional, una serie estadística, el informe del NLS de 1979—, nos interesa mucho. Corregiremos este artículo y lo diremos.
Entonces, ¿está muriendo el braille?
La respuesta honesta tiene tres partes, y ninguna es un titular.
Primera: nadie lo mide, así que nadie lo sabe. Ni en Estados Unidos, ni en Europa, ni en España, ni en la OMS. La cifra que se usa para responder es una estimación estadounidense de 1996 sin metodología publicada, y las dos revisiones académicas que la han examinado coinciden en que no sirve.
Segunda: lo que sí se mide no describe una muerte. Se producen y se prestan cientos de miles de libros en braille al año, la proporción de braille en la demanda española ha subido entre 2022 y 2024, y el braille electrónico crece deprisa. Lo que retrocede claramente es el papel, que es una afirmación mucho más pequeña y mucho más defendible.
Tercera: el debate de fondo sigue en pie y no lo resuelven las cifras. Cuánto resto visual justifica enseñar braille, si el audio compensa lo que no da, si la escuela inclusiva garantiza docentes que lo dominen. Son preguntas pedagógicas y políticas, y quienes las viven —quienes leen braille, quienes lo enseñan, quienes deciden si su hijo lo aprende— tienen argumentos que no nos corresponde resumir en su nombre.
Lo que sí nos corresponde es no ponerles debajo una estadística de 1996 y llamarlo evidencia.
Preguntas frecuentes
¿Es cierto que solo el 10 % de las personas ciegas lee braille?
No hay ninguna fuente actual que lo demuestre. La cifra aparece en un informe de la National Federation of the Blind de 2009, que a su vez la atribuye a una estimación de la American Foundation for the Blind publicada en 1996 en una sola página del Journal of Visual Impairment & Blindness. Una revisión sistemática de 95 publicaciones, publicada en 2022 en esa misma revista, concluyó que no existe hoy ninguna fuente que mida la alfabetización braille en Estados Unidos y que no hay datos que digan si sube o baja. Además, el dato es únicamente estadounidense y se cita como si fuera mundial.
¿De dónde sale exactamente esa cifra?
De la referencia «American Foundation for the Blind, Estimated Number of Adult Braille Readers in the United States, Journal of Visual Impairment & Blindness 90, n.º 3 (mayo/junio de 1996): 287», citada en el informe The Braille Literacy Crisis in America de la NFB, de marzo de 2009. La segunda mitad del dato —el 10 % de los niños— procede del censo de cuota federal de la American Printing House for the Blind, que la propia APH declara inválido para ese uso.
¿Cuántas personas leen braille en el mundo?
No se sabe. No existe ninguna estimación global defendible. La OMS, que publica las cifras mundiales de discapacidad visual, no mide el braille: en las más de 50 000 palabras de su World report on vision de 2019 la palabra aparece una sola vez. Un informe de 2018 para la Unión Europea de Ciegos comprobó que ninguno de los nueve países europeos estudiados recogía datos nacionales sobre cuántos niños usan braille.
¿Está el audio sustituyendo al braille?
En volumen de demanda, el audio es mayoritario: en España, el 54 % de las solicitudes de adaptación bibliográfica que recibió la ONCE en 2024 fueron de sonido, frente al 34,4 % de braille. Pero la proporción de braille subió respecto a 2022, cuando fue del 32,4 %. Lo que sí está claramente en retroceso es el braille en papel frente al braille electrónico, que es una cosa distinta: en 2024, el servicio de bibliotecas para ciegos de Estados Unidos prestó 157 000 libros en braille en papel y sus usuarios descargaron casi 450 000 en braille electrónico.
¿Por qué es tan difícil medir esto?
Por dos definiciones que nadie ha fijado. La primera es quién cuenta como ciego: el 82,3 % de las personas afiliadas a la ONCE tiene deficiencia visual grave y no ceguera total. La segunda es qué es «leer braille»: etiquetar frascos de especias, identificar un medicamento y leer novelas son cosas muy distintas y ninguna fuente usa el mismo criterio. Con el mismo censo estadounidense de 2024, los lectores de braille son el 7,66 % o el 13,92 % según qué se ponga en el denominador.
¿Sigue mereciendo la pena aprender braille?
Esa es una decisión personal o familiar y no nos corresponde tomarla. Lo que sí se puede decir con fuentes es que el braille es la única forma de lectura y escritura en la que una persona ciega ve la ortografía, la puntuación y la estructura del texto en lugar de escucharlas, y que para las matemáticas, las ciencias y las lenguas extranjeras el informe europeo de 2018 lo considera imprescindible frente al audio. Si quieres ver cómo funciona el sistema antes de decidir, tienes el alfabeto braille completo en esta web.
¿Quién inventó el braille y cuándo?
Louis Braille, un profesor francés ciego, fijó la celda de seis puntos con quince años y publicó el método en 1829. Su historia —incluida la parte en la que su propia escuela prohibió el sistema durante cuatro años— está en quién fue Louis Braille.
Una nota sobre cómo está escrito este artículo
Hemos evitado tres tentaciones.
La primera, titular con la alarma. «El 90 % de las personas ciegas no lee braille» es un titular excelente y nos habría venido de maravilla; el problema es que nadie puede demostrarlo.
La segunda, titular con la tranquilidad. «El braille goza de buena salud» tampoco es demostrable, y viniendo de una empresa que vende cursos de braille sería todavía más sospechoso.
La tercera, y la más difícil, rellenar el hueco con la siguiente cifra disponible. Cada vez que descartamos una estadística aparecía la tentación de poner otra en su sitio para que el párrafo no quedara vacío. Varias veces el párrafo se ha quedado vacío. Preferimos eso.
Lo que sí hemos hecho es dejar la trazabilidad completa a la vista, con enlaces, años y poblaciones, para que quien escriba después sobre esto —un periodista, una madre, un docente, un modelo de lenguaje— no tenga que repetir una cifra de 1996 por no tener otra cosa a mano.
